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miércoles, 19 de abril de 2017

Cuento realista

CUENTO REALISTA: narran historias donde los hechos son mostrados como reales, pero son productos de la imaginación del autor. No se busca la veracidad ni la exactitud, solo se intenta que resulte creíble.
Características:
*los personajes son presentados como seres reales y sencillos (trabajan y viven en forma común)
*ambientes reconocibles para el lector (lugares y tiempos bien determinados)
*descripciones claras y precisas
*acontecimientos verosímiles
*los diálogos reflejan las variedades de lengua

Núcleos narrativos: nudos o acciones centrales. Hacen avanzar el relato y no pueden ser eliminados sin que se modifique la coherencia de la historia. Establecen entre si una relación temporal (uno ocurre después del otro) y una relación de casualidad lógica.
Las acciones secundarias complementan los núcleos y pueden suprimirse sin perder el sentido.

Indicios: dan información del ambiente, del lugar, de la época o de la forma de ser de los personajes. Permiten acceder a información no explicita.

Secuencia: los núcleos se organizan en series llamadas secuencias, cada una tiene un principio y un final. Consta de un núcleo principal del q se desencadenan otras acciones
Ej.: Salida - Instalación - intento de asesinato - resolución

Marco: El marco es la época y el lugar donde suceden los acontecimientos. Pueden presentarse de dos maneras:
Presentación directa: se menciona el lugar y la fecha
Presentación indirecta: Se da a través de la narración suelen mencionar costumbres, objetos o personajes.

Personajes: llevan a cabo las acciones. No todos poseen la misma importancia. Los principales (protagonista), cumplen una actuación destacada y los secundarios acompañan esas acciones, generando dos fuerzas distintas:
-ayudan al protagonista a lograr su propósito
-se oponen a el (Antagonista)
Los personajes pueden ser presentados en forma directa (las características aparecen reflejadas en el texto) o indirecta (las características están implícitas en las palabras).

lunes, 27 de junio de 2016

LOS CAZADORES DE RATAS - Horacio Quiroga






Una siesta de invierno, las víboras de cascabel, que dormían extendidas sobre la greda, se arrollaron bruscamente al oír insólito ruido. Como la vista no es su agudeza particular, las víboras mantuviéronse inmóviles, mientras prestaban oído.
-Es el ruido que hacían aquéllos...-murmuró la hembra.
-Sí, son voces de hombres; son hombres -afirmó el macho.
Y pasando una por encima de la otra se retiraron veinte metros. Desde allí miraron. Un hombre alto y rubio y una mujer rubia y gruesa se habían acercado y hablaban observando los alrededores. Luego, el hombre midió el suelo a grandes pasos, en tanto que la mujer clavaba estacas en los extremos de cada recta. Conversaron después, señalándose mutuamente distintos lugares, y por fin se alejaron.
-Van a vivir aquí -dijeron las víboras-. Tendremos que irnos.
En efecto, al día siguiente llegaron los colonos con un hijo de tres años y una carreta en que había catres, cajones, herramientas sueltas y gallinas atadas a la baranda. Instalaron la carpa, y durante semanas trabajaron todo el día. La mujer interrumpíase para cocinar, y el hijo, un osezno blanco, gordo y rubio, ensayaba de un lado a otro su infantil marcha de pato.
Tal fue el esfuerzo de la gente aquella, que al cabo de un mes tenían pozo, gallinero y rancho prontos. -aunque a éste le faltaban aún las puertas. Después, el hombre ausentose por todo un día, volviendo al siguiente con ocho bueyes, y la chacra comenzó.
Las víboras, entretanto, no se decidían a irse de su paraje natal. Solían llegar hasta la linde del pasto carpido, y desde allí miraban la faena del matrimonio. Un atardecer en que la familia entera había ido a la chacra, las víboras, animadas por el silencio, se aventuraron a cruzar el peligroso páramo y entraron en el rancho. Recorriéndolo, con cauta curiosidad, restregando su piel áspera contra las paredes.
Pero allí había ratas; y desde entonces tomaron cariño a la casa. Llegaban todas las tardes hasta el límite del patio y esperaban atentas a que aquella quedara sola. Raras veces tenían esa dicha. Y a más, debían precaverse de las gallinas con pollos, cuyos gritos, si las veían, delatarían su presencia.
De este modo, un crepúsculo en que la larga espera habíalas distraído, fueron descubiertas por una gallineta, que, después de mantener un rato el pico extendido, huyó a toda ala abierta, gritando. Sus compañeras comprendieron el peligro sin ver, y la imitaron.
El hombre, que volvía del pozo con un balde, se detuvo al oír los gritos. Miró un momento, y dejando el balde en el suelo se encaminó al paraje sospechoso. Al sentir su aproximación, las víboras quisieron huir, pero únicamente una tuvo el tiempo necesario, y el colono halló sólo al macho. El hombre echó una rápida ojeada alrededor, buscando un arma y llamó -los ojos fijos en el gran rollo oscuro:
-¡Hilda! ¡Alcanzáme la azada, ligero! ¡Es una serpiente de cascabel!
La mujer corrió y entregó ansiosa la herramienta a su marido.
Tiraron luego lejos, más allá del gallinero, el cuerpo muerto, y la hembra lo halló por casualidad al otro día. Cruzó y recruzó cien veces por encima de él, y se alejó al fin, yendo a instalarse como siempre en la linde del pasto, esperando pacientemente a que la casa quedara sola.

La siesta calcinaba el paisaje en silencio; la víbora había cerrado los ojos amodorrada, cuando de pronto se replegó vivamente: acababa de ser descubierta de nuevo por las gallinetas, que quedaron esta vez girando en torno suyo, gritando todas a contratiempo. La víbora mantúvose quieta, prestando oído. Sintió al rato ruido de pasos - la  Muerte.  Creyó no tener tiempo de huir, y se aprestó con toda su energía vital a defenderse.
En la casa dormían todos, menos el chico. Al oír los gritos de las gallinetas, apareció en la puerta, y el sol quemante le hizo cerrar los ojos. Titubeó un instante, perezoso, y al fin se dirigió con su marcha de pato a ver a sus amigas las gallinetas. En la mitad del camino se detuvo, indeciso de nuevo, evitando el sol con el brazo. Pero las gallinetas continuaban en girante alarma, y el osezno rubio avanzó.
De pronto lanzó un grito y cayó sentado. La víbora, presta de nuevo a defender su vida, deslizóse dos metros y se replegó. Vio a la madre en enaguas correr hacia su hijo, levantarlo y gritar aterrada.
-¡Otto, Otto! ¡Lo ha picado una víbora!
Vio llegar al hombre, pálido, y lo vio llevar en sus brazos a la criatura atontada. Oyó la carrera de la mujer al pozo, sus voces. Y al rato, después de una pausa, su alarido desgarrador:
-¡Hijo mío...!

Nota: Horacio Quiroga nació en Salto, República Oriental del Uruguay. Sin embargo, por sus muchos años de residencia argentina, por haber publicado casi todos sus libros en Buenos Aires y por el ambiente y los temas de sus obras, puede legítimamente ser considerado escritor argentino.

Fuente: QUIROGA, HORACIO, Anaconda. El salvaje. Pasado amor. Buenos Aires, Sur, 1960 (págs. 173-174)


1- Indica introducción, nudo y desenlace.

2- ¿Qué tipo de narrador tiene el cuento? Qué punto de vista adquiere el narrador.
3- ¿Qué clase de cuento es?
4- Describe a los personajes.
5- Expresa tu opinión personal acerca de la conclusión del cuento.

miércoles, 13 de abril de 2016

El cuento realista

MONSEÑOR CUENTA UN SUCEDIDO - Gustavo Martínez Zuviría
Royat, 10 de agosto
Sobre el hotel flamean una bandera norteamericana, una bandera francesa y una bandera argentina. Con esto los dueños halagan a sus huéspedes. Mañana cambiarán las banderas, y cada turista un día u otro verá flamear la suya.
Un grupo de argentinos en la terraza: Monseñor de Andrea, Plácido Villanueva (hermano de Raúl), Baudrón, Alberto Gache, Odilio Estévez.
Relatos de impresiones. Se nos ocurre que en Europa no debe de haber rateros. A lo menos los de estos países son bien inocentes. ¡Con qué holgura viviría en París, y mejor aún en Londres, un buen raspa porteño, ligero de manos!
Parece que nadie cuida las mercaderías que se exponen al público. En Buenos Aires (el señor Baudrón, presidente de La Superiora, lo sabe muy bien), las hileras de damajuanas que se ofrecen como una tentación al transeúnte tienen que estar acoralladas con cadenas, y vacías... por las dudas.
Aquí un vendedor de diarios deja la pila de sus periódicos y un platillo o un sombrero viejo, y se va a almorzar. El que desea un diario lo toma y echa el precio en el recipiente, donde se va juntando hora por hora un regular capitalito.
¡Cómo se les hará agua la boca a los chorros que me están leyendo!
Monseñor de Andrea refiere una aventura personal:
"Hace más de veinte años. Yo era un curita joven. Iba a tomar el tren una madrugada muy temprano, en un pueblito de la provincia de Córdoba. Para pagar mi boleto saqué un billete de cincuenta pesos, todo mi capital; pero el boletero no tenía cambio. Un gaucho, grande y barbudo y serrano, como el Roque Carpio de su Desierto de piedra, resolvió la dificultad en que estábamos. Sacó desdeñosamente del tirador un rollo de billetes de todos colores y cifras, y me cambió los cincuenta pesos.
Yo iba solo en mi coche; recé mi oficio y luego me puse a contar el dinero que me quedaba, y me encontré más rico que antes. Tenía un billete de cincuenta pesos y varios más de otros valores. Mi gaucho se había equivocado dándome cambio de cien pesos. ¿Pero cómo devolverle su dinero? Se me ocurrió que pudiera ir en el tren y fui a buscarlo. En los coches de primera clase no lo hallé. Fui a la segunda, y allí estaba con otros paisanos. Al aproximármeles, se callaron todos.
-¿No es usted, señor, el que esta mañana me cambió un billete de cincuenta pesos?
El gaucho barbudo alzó la cara y me miró con recelo, esperando una reclamación.
-Bueno ¿y qué...?
-¡Nada! ¡Que me ha dado usted cincuenta pesos de más!
Los cinco o seis paisanos que estaban alrededor de él estiraron el pescuezo para darse cuenta de aquel fenómeno y oír mi explicación.
Y mi Roque Carpio me escuchó sin inmutarse ni darme las gracias, embolsó los cincuenta pesos, se rascó la barba, y dijo paseando una mirada maliciosa por el círculo de sus oyentes:

-¡Pucha, cómo se conoce que éste no es de por aquí!"

ACTIVIDADES

1- ¿En qué lugar y tiempo se desarrolla este relato?
2- ¿Qué referencia hacen los personajes a la forma de ser de los argentinos?
3- Expresa tu opinión personal acerca del cuento.


martes, 22 de marzo de 2016

El disfraz- Cuento realista

La profesora de piano pisó la antesala toda recelosa y encogida. Era su actitud habitual; pero aquel día la exageraba involuntariamente, porque se sentía en falta. Llegaba por lo menos con veinte minutos de retraso, […] cuando el criado, patilludo y guapetón, le dijo, con la severidad de los servidores de la casa grande hacia los asalariados humildes: –La señorita Enriqueta ya aguarda hace un ratito… La señora marquesa, también. No pudiendo meterse bajo tierra, se precipitó… Sus tacones torcidos golpeaban la alfombra espesa, y al correr se prendían en el desgarrón interior de la bajera, pasada de tanto uso. Se detuvo para tomar aliento. Y, en el mismo instante, oyó que la llamaban con acento cordial, afectuoso. Era su discípula. –¡Doña Consola! ¡Doña Consola! –repetía la niña, en el tono del que tiene que dar una noticia alegre–. Venga usted… ¡Hay novedades! ¡Mamá, mamá, díselo pronto!… –Dame tiempo… –contestó risueña la madre–. Doña Consolación, figúrese usted que deseamos… Vamos a ver: ¿no tiene usted muchas ganas de oír Lohengrin1 ? –Yo… –la profesora se puso amoratada, que es el modo de ruborizarse de los cardíacos–. Yo… ¡Lohengrin! ¡Ya lo creo, señora! –prorrumpió de súbito, en involuntaria efusión de un alma que hubiese podido ser artista si no fuese de madre de familia obligada a ganar el pan de tres chiquitines–. ¡Ya lo creo! Solo una vez oí una ópera… ¡y hace tantos años ya! ¡Y Lohengrin! Se dice que lo cantan divinamente… –Bueno; pues se trata de que esta noche tenemos dos asientos… Son dos butacas que le han enviado a nuestro jefe –prosiguió la dama–, y yo no sé por dónde lo ha sabido este diablillo de Enriqueta, que además ha averiguado que el jefe no quiere aprovechar esas localidades ni para sí ni para su hijo; ¡prefieren irse al Apolo2 !… Y ha sido su discípula de usted quien ha pensado enseguida… –¡Mil gracias, Enriquetita!… ¡Mil gracias, señora! –balbució la maestra, ya recobrada de su primera emoción–. Agradezco tanta bondad, y disfrutaría mucho oyendo la ópera, que no conozco sino en papeles…; pero ni mi esposo ni yo tenemos ropa…, vamos…, como la que hay que tener para ir a las butacas del Real 3 . –¡No importa! –gritó Enriqueta, que no renunciaba a su benéfico antojo–. Mamá le da a usted un vestido bonito… ¿No lo dijiste? […] –Sí, todo eso es verdad –confirmó la marquesa–. Y si doña Consolación no tiene inconveniente… La profesora no sabía lo que le pasaba. Ignoraba si era pena, si era gozo, lo que oprimía su corazón enfermo y mal regulado. Pero Enriquetita, tenaz, aferrada al capricho bondadoso y a la diversión de la mascarada, insistía. Dos horas después estaba vestida y peinada doña Consola. Sobre su ropa blanca, perfumada, crujía la seda musgo del traje, antiguo para la elegante marquesa, en realidad casi de última moda, primorosamente adornado con bordados verde pálido y rosas en ligera guirnalda; en la cabeza, un lazo de lentejuela hacía resaltar el brillo del pelo castaño, rizado con arte. Enriqueta bailaba de contento. No hacía sino contemplar a su profesora y repetir: –¡Si se ha vuelto tan guapa! ¡Si no parece la de los demás días! Bajaban la escalera interior doña Consolación y su consorte para meterse en el cochecillo y apenas se atrevían a mirarse; tan raros se encontraban, él de rigurosa etiqueta, envarado, ella emperifollada, sintiéndose, en efecto, bonita y rejuvenecida dos lustros… Al arrancar el simón4 , el marido murmuró, bajo y como si se recatase: –¿Sabes que me gustas así? Y ella –pensando que al otro día iba a recobrar sus semiandrajos, su traje negro, decente y raído, y que la vida continuaría con los ahogos económicos y físicos, las deudas y los ataques de sofocación al subir tramos de escaleras– se echó en brazos de él y rompió en sollozos.

EMILIA PARDO BAZÁN (fragmento). El disfraz 

1 Lohengrin: ópera del compositor alemán Richard Wagner.
2 Apolo: el teatro Apolo, donde se representaban zarzuelas y otras obras de teatro popular con música.
3 Real: Teatro Real de Madrid.
4 simón: coche de caballos.

Actividades

1. Analicen el marco: ¿se presenta directa o indirectamente? Fundamenten con ejemplos del texto.
2. ¿Qué datos de la protagonista nos permite conocer el cuento? Expliquen y ejemplifiquen.
3. Relean la presentación de doña Consola vestida para la ópera y expliquen qué tipo de descripción (panorámica, parcial, dinámica o estática) es.
4. Anoten qué elementos hacen de “El disfraz” un cuento realista.
5. ¿Por qué, según ustedes, el cuento se titula así?

Ficha Santillana